Termina el fin de semana, que da comienzo a una pausa laboral antes del 1 de mayo, día internacional del trabajo. Un fin de semana diferente, principalmente por la lluvia, que ha obligado a cambiar los planes que tenía para la visita especial de estos días. Planes que con suerte, y si el tiempo acompaña, reanudaremos mañana por la tarde.

Pero no quería hablar de esto hoy, no únicamente al menos. Me voy a dormir con la lectura de un artículo que apareció en El País Semanal de hace una semanas, una lectura fortuita, de esas que te encuentras en el cuarto de baño por casualidad mientras… te cepillas los dientes. Habla de una psicóloga y socióloga estadounidense, profesora del MIT, que está haciendo campaña en contra de nuestra conexión y dependencia a los terminales móviles que nos permiten estar conectados a la red a todas horas y en cualquier lugar. Lo curioso del asunto es que Sherry Turkle, que así se llama la mujer, tenía hace 15 años otra visión bien distinta del tema: vio con admiración como se abrían grandes posibilidades de nuevas relaciones en nuestro entorno con la aparición de los primeros elementos de comunicación de la era internet como fueron los chats o las primeras comunidades virtuales. Ahora reconoce que se equivocó y que todas esas maravillas que vio entonces, se han tornado en otra cosa bien distinta.
Ha publicado el libro “Solos en compañía” en el que relata el problema de estar a todas horas pegados a una pantalla, 24 horas disponible, interrumpir otras actividades por la recepción de un email, mensaje o llamada telefónica. Habla de la falta de relación real en nuestra sociedad, especialmente entre los adolescentes, a quienes les cuesta comunicarse con sus semejantes si no es a través de las redes sociales o los mensajes móviles.
Achaca estos males a la incapacidad de permanecer solos, de estar en soledad sin comunicarnos con alguien a la vez que recalca la importancia de esos momentos de soledad como fuente de reflexión, de concentración, de conocerse a uno mismo…

Y la verdad que a grandes rasgos, no puedo estar más en acuerdo con ella. Cada uno de los problemas que narra como argumento de su libro, lo he vivido en persona: amigos que pasan de estar charlando contigo a dejar de escucharte por contestar un mensaje del móvil; gente que vive más para las redes sociales que para el mismo: si no lo publica a los cuatro vientos, no lo disfruta; compañeros de trabajo que parece no tengan más vida que la meramente profesional… Y todo esto que aseguro han hecho otras personas, creo haberlo hecho yo mismo en alguna u otra ocasión.

Los dispositivos electrónicos cada vez nos comen más tiempo del día a día y la posibilidad de tener internet en ellos hace que estemos disponibles todos y cada uno de los minutos del día. Y de no estarlo, puede ser una situación preocupante… ¿Qué se hacía antes de los móviles? Pues la vida existía igualmente, había otro modelo de comunicación que no se debería de perder del todo y otros quehaceres igualmente entretenidos. Los correos podían esperar a que se entrara por la puerta del trabajo a la mañana siguiente y las vacaciones se contaban en el bar o en casa de uno de cena. Por suerte, y aunque en menor medida, esto se sigue haciendo y no se ha perdido del todo. No dejemos que suceda.

Y ahora que me doy cuenta, el portátil me ha seguido hasta la cama: portátil malo, eso no se hace! Buenas noches

 

Este fin de semana he visto la película de 127 horas que quise ver en su momento, pero como otras muchas, fue retirada de la cartelera antes de tener la ocasión de disfrutarla en la gran pantalla. Ya sabía de qué iba un poco y sobre todo sabía una cosa muy importante de la película (NOTA: si no has visto la película  y no quieres saber más, quizá debas de dejar de leer en este punto, avisado quedas!). No me gusta enterarme de qué van las películas y menos aún como van a terminar, pero hay veces que es imposible no enterarse por los comentarios de la gente (¿cuánta gente fue a ver el Sexto Sentido sabiendo Bruce Willis estaba muerto?).

Pues la película va de un chaval que se marcha un día a hacer barranquismo por los solitarios cañones de Utah, en Estado Unidos, el solito y sin decir a nadie a dónde iba, con tan mala suerte que una piedra se le cayó encima dejándole un brazo completamente atrapado contra una de las paredes del cañón. Tras cinco o seis días allí atrapado y viendo que nadie iba a venir a sacarle de esa, tuvo que tomar la drástica decisión de auto-amputarse el brazo para poder salir de allí. Y esto último es lo que sabía: el tío se tiene que auto cortar el brazo!

La película en sí está bien, aunque tampoco sería un peliculón de no ser por la historia que tiene detrás… y es que está basada en una historia real. Sí, alguien tuvo que hacer eso: coger una navaja de los chinos que apenas cortaba y cortar su propio brazo para poder sobrevivir. Y a mi esa historia me ha parecido increíble. Nunca me he visto en situación ni parecida por supuesto, y toco madera para no verme, pero intentando ponerme en su piel, dudo mucho que yo hubiera sido capaz de hacer algo similar, aunque eso hubiera supuesto quedarme descansando por el resto de la eternidad bajo esa piedra.

He buscado un poco sobre la historia real y para ver quien era ese tío capaz de hacer lo que hizo: Aron Ralston se llama el chaval en cuestión, nacido en 1975 y con 27 años cuando se quedó atrapado en el 2003. Hay imágenes suyas por ahí, incluso vídeos que se hizo durante sus seis días de cautiverio con el brazo atrapado. También hay un documental de la NBC contando la historia con el propio Aron acudiendo al lugar de los hechos. Y por supuesto, la película de 127 horas de la que empecé hablando. Sorprende lo parecido del actor y del rodaje con la realidad: está rodada en el mismo sitio y cuentan lo que sucedió tal cual, con los mismos artilugios que llevaba él en el momento del accidente, conservando hasta las marcas. Aquí un vídeo real que se hizo él:

Después de ver todo este material, no puedo dejar de sorprenderme de hasta dónde puede llegar el aguante del cuerpo humano cuando se le pone a prueba. No creo que nadie sea capaz de romperse dos huesos del brazo antes de coger una navaja que apenas corta y ponerse manos a la obra para quitarse parte del brazo si no sabe que es la única alternativa para seguir viviendo. ¿Qué cambios se producen en el cuerpo para poder aguantar todo eso sin ni siquiera un simple desmayo? Y no sólo eso: una vez liberado, y con un sólo brazo, tuvo que salir del cañón, cargando con todo el material necesario y haciendo un rapel final.

Ahora vive de ello: se dedica a dar charlas de motivación. Además tampoco ha dejado de practicar los deportes que le gustan, en la medida de lo posible claro, pero desde luego no se le da nada mal.

Este caso es extremadamente llamativo, pero seguramente haya habido otros cuántos no documentados en ningún lugar, u otros que sin ser tan espectaculares hayan implicado un aguante y valor similares para poder sobrevivir (sin ir más lejos, los exploradores polares de los que he hablado por ahí). Para todos ellos, mi más sincera admiración!

 

Hoy hace 100 años exáctamente que murió el capitán Scott. Durante su agónico regreso del Polo, una serie de circunstancias que podrían calificarse como mala o muy mala suerte, les llevaron a una situación crítica en la que se vieron sin comida ni combustible con el que calentarse y en consecuencia a la muerte por congelación que sufrieron los cinco miembros de la expedición polar.

Hace unos meses se cumplió el centenario de la llegada de la primera expedición al Polo Sur, encabezada por Admunsen y de bandera Noruega. Algo más de un més después, el 17 de enero de 1912 llegaría la segunda, la de Scott y sus cuatro valientes acompañantes… y algo más de dos meses después fallecerían todos los miembros de la misma. Este post es un pequeño homenaje a aquellos valientes expedicionarios.

Y no puedo menos después de las 900 páginas que me he chupado del libro “El peor viaje del mundo“. De hecho he estado a punto de titular el post “Y por fin murió Scott”, pero no hubiera sonado muy políticamente correcto. Y no es que el libro me haya aburrido, ni mucho menos, pero aún así, 900 páginas son demasiadas hasta para narrar una de las expediciones más intrépidas de la historia. En cualquier caso, hoy es el día límite que me había puesto para terminar el libro, y aunque un poco obligado esta última semana, así lo he hecho.

Rutas de las expediciones noruega y británica hacia el Polo Sur

En ningún momento puedo dejar de sorprenderme de las tremendas hazañas que hicieron: el simple hecho de salir a andar arrastrando un trineo por la superficie de la barrera de la Antártida es una locura, pero hacerlo durante cuatro meses seguidos y hace cien años… no tiene calificativos. Y a punto estuvieron de lograr todo un triunfo. Sin embargo, y a pesar de llegar a su meta, no consiguieron volver, que fue el mayor fracaso para ellos mismos. Cinco fueron los ingleses que atacaron el Polo tras ser acompañados por otros compañeros hasta más allá del glacier Beardmore. No tuvieron demasiados problemas en llegar a su destino: el tiempo acompañó y recorrían distancias sin problemas. Pero se llevaron una gran decepción cuando al llegar se encontraron la bandera noruega plantada en el suelo junto con otros bártulos que dejaron por allí abandonados. No sé si esto fue el comienzo de la decadencia dejándoles algo tocados o si fue puro cansancio y agotamiento, pero desde ese punto comenzaron los problemas. Las distancias se les empezaron a hacer largas, las raciones de comida escasas y las temperaturas demasiado frías. El primero en sucumbir fue Evans, el que supuestamente era el más fuerte de los cinco… pero también el más grande, y la comida no se repartía por peso, sino equitativamente entre todos. Se apunta como posible causa de su paulatino empeoramiento y posterior muerte antes de cruzar de vuelta el glaciar Beardmore.

Si antes tenía mis dudas, ahora estoy casi seguro que este hecho si que les hizo mella en la cabeza y que comenzaron a verlo todo más negro. Y tener la cabeza en su sitio en estas situaciones debe ser de lo más importante. Sea como fuese siguieron adelante, con una ración de comida más a repartirse entre los cuatro que quedaban, por verle el lado positivo a la muerte del compañero. Pero iban con el tiempo justito y llegaban a los depósitos que habían dejado en el camino de ida con la comida y el combustible justitos. El mal tiempo les acompañó, un mal tiempo peor del que cabría esperar en esas fechas: viento y temperaturas inferiores a las medias, como se ha podido comprobar posteriormente. Su penuria seguía pero a medida que se leen las entradas de sus diarios uno se da cuenta de que cada vez tienen menos ánimo, las distancias que son capaces de arrastrar el trineo son inferiores y de que se les avecina el peor de los finales.

Expedición británica al Polo Sur

Y así fue: aunque todos comenzaban a pasar frío de verdad y a tener síntomas de congelación, Oates fue el primero en que estas congelaciones tuvieron consecuencias fatales. Uno de los pies se le hinchó tanto que no era capaz ni de calzarse sin tener que rajas las botas. Tras una noche en la que todos, incluido el mismo, esperaban su muerte, y un sorprendente despertar, no quiso frenar más a sus compañeros y se fue por su propia cuenta sin dar demasiadas pistas. Cuando lo encontraron ya había fallecido. Los tres que quedaban no pudieron moverse del sitio debido a una fuerte ventisca que duró más de una semana. Estaban a tan solo (¿solo?) 11 millas del siguiente depósito donde habrían encontrado comida y combustible en abundancia… pero ya no tenían fuerzas. Así que tras una penosa semana encerrados en la tienda de campaña muerieron naturalmente, sin tomar nada del opio o la morfina que llevaban con ellos, pues así lo decidieron. Carácter inglés…

La lectura de las últimas páginas son conmovedoras la verdad, aún a pesar de saber el final de antemano uno intenta darles ánimo para que continúen un poco más. Pero desde esta parte del libro no se puede hacer mucho.

Pues con esto cierro mi etapa de fríos, polos, antárticas, congelaciones, hielo y nieve. Y es que no sólo he leído este libro, sino que también he visto el documental Frozen Planet que es una verdadera maravilla: cuatro capítulos para cada una de las estaciones narrando la vida en los dos casquetes polares de la tierra. Totalmente recomendable.

Y para terminar, dejaré una valoración del libro por si a alguien le interesa. Son más de 900 páginas, lo que puede hacerse un poco cansado. Eso sí, por lo general las aventuras que se narran son increíbles. Quizá leer los diarios de tres personas que cuentan más o menos lo mismo, puede hacerse un poco repetitivo. Y una pega importante que he tenido es la ausencia de mapas: si que hay tres mapas en todo el libro, pero son escasos en relación con la cantidad de mención de sitios y coordenadas que hacen. Más mapas lo harían más entretenido, llevadero y se entendería todo un poco mejor. Yo comencé un mapa al empezar el libro, pero luego se me hizo imposible seguir actualizándolo. Resumiendo: ¿lo recomiendo? Si, pero dependiendo de a quién se le puede hacer pesado.

Y después de esto, me alejo del frío y me voy a los romanos: me dispongo a atacar “Yo, Claudio”, que lo tenía en lista de espera desde hace mucho.

 

 

 

Salir de casa a media mañana, coche y carretera, de la de dos carriles para cada lado. Gasolina que vuela por las nubes en el Rubio de Vélez. Más kilómetros y más kilómetros y el mar azul de frente: ya estoy llegando. Llego. Saludos con besos, garras y orines. El arroz caldoso sobre el plato y la suite royal preparada.

El trabajo en el bolsillo se viene conmigo, pero en el de atrás. Pausa con libro y cocacola al sol que aún estando en invierno pinta de primavera. Y entre tarea y tarea 500 fragmentos de impresionismo que se van ubicando para formar a La joven del collar amarillo.

Sesión de cine a diario, en pantalla grande siempre: unas con butacas y otras con sofás. Estrenos, dvds y bluerays. Tatcher de mandamás, Clooney con sus hijas, rubias pirómanas, funerales para mondarse, engaños y mentiras. Envidia de estantería de películas…

…Y de libros. Novela negra esta ocasión. Barcelona a día de hoy. Drogas, timos, extorsiones, infidelidades, engaños, locuras, chantajes y por supuesto tiros y sangre. Muy recomendable No llames a casa

Se echa de menos la máquina del estresado de  Mickey recogiendo huevos que ha sido sustituida por ordenadores, iPads, iPods, iTodo… Analógico y digital se funde por aquí. Una pantalla, un libro, radio, wifi, un cd, podcasts. Y tranquilidad y tiempo para dar uso a todos ellos.

Paso, pedaleo, volantazo. Playa, pinos, faro. Con Rizos y con Kika y sin ellos. Flores, plantas, ardillas y misteriosos terrones por el suelo. Preciosa montaña y días idóneos.

Y de comer, ¿qué tenemos? Lo que usted quiera: pollo o revuelto de champiñones, fideua o pescado rebozado, ensalada dulce o arroz caldoso, paella o sopa, fiambres o escalibada. Todo muy rico. ¿Y desayuno y merienda? Mucho té. Con trenza, tostadas o coca.

Y todo llega a su fin. Esta tarde saldré de casa. Coche y carretera, de la de dos carriles para cada lado. El mar, no tan azul, de atardecer, a mis espaldas: me voy alejando. Kilometros. Gasolina que seguirá por las mismas nubes donde la dejé. Más kilómetros. Llego. Un gran beso de saludo. Y el nido preparado.

谢谢你姑姑

 

Y es que luego se me enfada mi madre si no soy capaz de decirle las películas que he visto desde la última vez que la vi. Valga esto como prueba escrita y recordatorio para venideras preguntas. Aunque también para que no se me junten todas las películas en la cabeza en un batiburrillo y no ser capaz de sacar una sola en limpio. (Todo sea dicho de paso, aquí se pueden ver todas las películas que voy viendo)

Comenzaré por las películas pasadas. Llevo una serie de ellas acumuladas que la verdad… ni que fuera cinéfilo de películas de autor, pero es que no se que hago que me las estoy viendo todas. Si ya hablaba de El árbol de la vida en un post anterior, luego me tragué Melancolía, de Lars Von Trier, que si bien la cosa fue un poco mejor, tampoco me gustó demasiado, sobretodo por la incomodidad de que está rodada con cámara en mano de manera que se está todo el tiempo moviendo y enfocando y desenfocando… ¿Qué necesidad había de hacer eso? A mi me mareó.

También antes de Navidad y en la pantalla grande vi También la lluvia, de Iciar Bollaín, una de las películas de los Goya pasados que me quedaban por ver (y con los Goya de este año a la vuelta de la esquina). Y Un Dios Salvaje, la peli de Polanski que más bien parece una obra de teatro más que película, pero se dejaba ver.

Ya este año, retomando un poco el cine y las películas nuevas, he ido a ver Drive, Criadas y Señoras. Las dos bastante bien la verdad, de géneros distintos pero me gustaron. Si tuviera que elegir alguna de las dos, creo que me quedaría con Criadas y Señoras.

Aprovechando uno de los ciclos de Caja Granada de cine gratuíto, vi (o volví a ver) El nombre de la Rosa. En la televisión también he visto unas cuantas que nombraré rápido las que me han gustado o merecen la pena: Un tipo serio, de los Coen; Un hombre llamado Caballo, un clásico en toda regla; La liga de los hombres extraordinarios, con Sean Connery, aunque malísima; Bajo cero, película de Disney bonita por los perros que salen; Enfrentados, buena hasta que se acerca el final; Atraco a las tres, otro clásico español, muy bueno; Ciudad de vida y muerte, una dura película sobre la invasión Japonesa en China; Callejón sin salida, clásico de Humphrey Bogart; La cinta blanca, ganadora de la Palma de Oro en el festival de Cannes, bastante buena para mi gusto (aunque rara); Frozen Planet, documental en cuatro capítulos de la vida a lo largo del año en los dos polos terrestres, precioso!; Jules et Jim, película de Truffaut que vi por el 80 aniversario de su nacimiento, aunque no me gustó demasiado; y para terminar Infiel de Liv Ullman, peli sueca supuesta biografía de Ingmar Bergman (guión escrito por él). Bufff, unas cuántas no? De aquí, si hay que resaltar alguna sería La cinta blanca y el documental de Frozen Planet.

Hasta aquí las películas pasadas, ahora vamos con las presentes. El presente es muy corto así que aquí hay pocas películas que mencionar: dos ya vistas esta semana, y otras dos por ver, posiblemente también esta semana. Las vistas: The Artist y Blackthorn las dos candidatas al premio a mejor película, la primera en los Oscars y la segunda en los Goya. Y las dos por ver: Katmandú, de nuevo de Iciar Bollaín y No habrá paz para los malvados, otra de las candidatas a mejor película de los Goyas. Esta última a ser posible, antes de la gala que creo que es este domingo ya.

 

Y con esto ya prácticamente he terminado, porque las películas futuras son muy difusas. Sobretodo estarán basadas en las que ganen los premios de los festivales venideros. También quería ver la de Los hombres que no amaban a las mujeres… no sé si me va a gustar mucho, pero por ver como han hecho la adaptación los americanos del libro sueco (la peli sueca no la he visto). Y los clásicos de siempre que hay que ir rescatando del olvido… Casablanca, Testigo de Cargo, El apartamento… por nombrar unas cuantas.

 
El perro volador

Mohu, en mortal acrobacia

 

 

Pensar que no queda mermelada y encontrar al fondo de la despensa un bote de mermelada de melocotón casera de tu madre

Gracias madre :)

 

Aún siguen los expedicionarios por el Polo Sur, avanzando lentamente hacia… no revelaré el fin conocido. Pero mientras, estas Navidades he tenido tiempo de leer otro libro, o devorarlo más bien: qué gusto las vacaciones con tiempo para tirarse en el sofá a leer tranquilamente sin preocupaciones. El libro en cuestión ha sido Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, que ya había oído hablar de él y tenía ganas de leerlo. Está estupendamente redactado y trata de una extraña enfermedad que va dejando ciega a la población de una ciudad cualquiera imaginaria. Los personajes, repentinamente dejan de ver, o mejor dicho, tan solo son capaces de ver un blanco inmaculado, una ceguera blanca. No contaré mucho más, pero desde luego recomiendo su lectura a cualquiera.

Y hablando de libros, también he hojeado Articuentos completos, de Juan José Millás, una recopilación de pequeñas (pequeñísimas) historias contadas en forma de artículo, de ahí el nombre. Es un buen tocho que no es para leerse de una sentada ni de principio a fin, si no para ir ojeando y abriendo aleatoriamente para leer de vez en cuando.

Y para terminar, añadir que he tenido un kindle en mi poder durante unos pocos días. Es más pequeño de lo que pensaba, muy fino y muy ligero. Apenas lo he utilizado, pero parace un buen instrumento de lectura.

Tanto el último libro como el kindle son regalos, uno de papel y otro de ceros y unos, uno que todo indica que quedará obsoleto en pocos años y otro con toda una era por delante. Estamos en época de transición, en la que deben de convivir ambos dos, sin embargo algo falla desde mi punto de vista: un libro de toda la vida, además de estar escrito, por supuesto, conlleva unos gastos de impresión, edición, transporte y venta en una ubicación concreta, con todos los intermediarios que eso conlleva. Precio final: 26 euros. El otro, está escrito de la misma forma, pero ya está: no hay que imprimirlo, ni transportarlo ni nada, se pueden vender tantas copias como se desee, no hay que sacar nuevas ediciones y no quedará nunca descatalogado. Precio final: 18 euros. No veo razonable una diferencia tan reducida en los precios de ambos productos, que siendo el mismo, tanto difieren el uno del otro. De nuevo, como con la música y las películas, algo va a cambiar.

Gracias Viyu por el comentario, que me ha animado a ponerme manos a la obra con este post.

 

 

Soy muy escéptico y siempre me ha costado creerme que el hombre haya pisado la luna. Hay muchas teorías que intentan demostrar que no fue así: que si la bandera ondeaba al viento (inexistente en la Luna), que si las sombras no son consistentes, que si una espectadora asegura haber visto una botella de plástico en el suelo lunar, o incluso que si hay algún muerto en extrañas circunstancias para poder tapar lo que sabían… Estas y muchas más aparecen en el artículo de la Wikipedia “Moon landing conspiracy theories“, con una explicación de por qué no son ciertas. Interesante aunque largo.

Pero no son las causas que acabo de mencionar las que me hacen pensar que pudiera ser que todo fuera un montaje y que nadie haya estado en la superficie lunar jamás, no. Lo que más me mosquea de todo el asunto es que si hace más de 40 años ya había tecnología para poner a tres hombres en la Luna y traerlos de vuelta sanos y salvos a la Tierra, hoy en día debería de haber autobuses turísticos que nos llevaran hasta allí. Y si embargo ni se ha vuelto a intentar volver…

Pero bueno, hoy escribo para cambiarme de bando. Sí. Desde hoy estoy un poco más convencido de que el hombre estuvo en la Luna. Viendo la serie “The Big Bang Theory” descubrí que uno de los objetos que dejaron allí los astronautas es un espejo con el cual se puede calcular la distancia de la Tierra a la Luna a través de mandar un láser y medir el tiempo hasta que nos llega su reflejo de vuelta. He mirado por internet para cerciorarme que no se trataba de un simple argumento para la serie y parece que efectivamente, el espejo sigue allí, sigue funcionando y se sigue utilizando para comprobar que la luna se aleja de la Tierra a razón de 3,8 cm por año.

Si el espejo llegó allí a través de los astronautas o no y si el artículo de la wiki al que me refiero más arriba ha sido escrito por los encargados de que nos creamos que el hombre llegó a la Luna, o no, es cuestión a parte para que piense cada uno.

 

 

Ya lo habré dicho en otras ocasiones, pero me repito: no soy nada fan de la televisión. En general me parecen aburridos los programas que ponen en casi todos los canales y si bien si que se podrían ver las películas, tienen dos limitaciones: la primera y principal, la publicidad, que prolongan hasta el infinito una película de dos horas; y segundo el horario fijo de comienzo de las emisiones. Si bien el primer problema se ha visto solventado en la televisión pública con la supresión de la publicidad, sigo teniendo el segundo inconveniente, y es que no me acuerdo de ponerme delante de la tele a la hora justa para ver comenzar una película y mi comportamiento es más bien, me siento en el sofá y enciendo la tele a ver si ponen algo.

TelevisionEste modelo en el que tu eliges cuándo empiezan las cosas se podría llamar “vídeo”, perdón, “DVD” o “Blue-Ray”, que me quedé atrasado, aunque claro, implica que debes tener el contenido por tu cuenta en discos. Los discos duros multimedia son algo mejores en el sentido de que puedes almacenar gran cantidad de contenidos en un pequeño espacio y elegir en el momento de la visualización. Por supuesto, también hay que encargarse de meter dichos contenidos en el disco previamente. Esto que tan fácil suena, hasta a mi se me hace complicado y tedioso, y se necesita el uso obligatorio de un ordenador adicional. No me quiero imaginar a dos espectadores algo tecnófobos o poco habituados a las nuevas tecnologías haciendo esta actualización de su reproductor multimedia.

Siguiendo en esta línea, el siguiente paso sería conectar directamente el ordenador a la televisión, ahorrandonos el paso de información al disco y, lo que es más importante, abriéndonos un camino hacia internet, fuente inacabable de nuevos contenidos. Un ordenador conectado por un lado a la televisión y por otro a internet nos permite ver desde un vídeo de youtube, a las fotos del último viaje o un programa ofrecido por las cadenas en sus páginas web. ¿No sería más fácil juntar todo esto en una tele-ordenador-con-internet?

Pero me estoy alejando del tema que me trajo aquí: la televisión. Y es que en el último mes dos hechos bien diferentes me han llevado a replantearme mi relación con ella. El primero fue la auto-destrucción del sintonizador de TDT: sencillamente dejó de funcionar un día. Sin ese cacharro, se acabó la tele, el apagón analógico ha dejado inútiles a la mayoría de televisiones por si solas. Pero ¿se acabó realmente? Saber y ganar es uno de los pocos (¿el único?) programa de televisión que veo. Además marca en cierto modo mi hora de la comida: en ocasiones tengo que esperar unos minutos con el postre para verlo y en otras simplemente como mientras transcurre el programa. Con el invento que mencionaba antes del ordenador, el internet y la televisión (no es ciencia ficción, se puede hacer!) rápidamente nos dimos cuenta de que la televisión a la carta de TVE nos permitía poner el programa justo a la vez que el primer plato llegaba a la mesa: se acabó el perderse los primeros minutos o el esperar después de comer. Y además: existe la televisión más allá del TDT!

El segundo hecho ha sido el ir a caer un par de semanas de vacaciones a casa de mis padres, lugar en el que la tele tiene un papel algo más importante que en mi casa. No, no es que la tele esté encendida las 24h ni mucho menos, pero las tardes frente al fuego van acompañadas unas veces de lecturas, otras de tertulias y otras de televisión. Y tal día como hoy, 1 de enero, con el cansancio provocado por el poco dormir de la noche de ayer y por el paseo de después de comer, he ido a caer en todo mi largo al sofá con la televisión encendida. Y mira por donde, he descubierto que hay otros programas que no son de prensa rosa o concursos con miles de euros de por medio. En concreto he visto tres14 y página2, dos programas que me han gustado, el primero sobre “preguntas que todos nos hacemos sobre el mundo” según ellos mismos dicen; y el segundo sobre libros. Los dos son de RTVE, sin publicidad por supuesto y me han hecho pensar que quizá existan otros programas interesantes que se puedan ver en la televisión.

Eso sí, seguiré viéndolos cuando yo quiera a través de mi ordenador.

Feliz año a todos

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